Abrió la puerta y me invitó a pasar. Ella tenia los pezones dilatados, visibles, apetecibles; sabía a lo que había ido y no tenía problema, ni dudas, ni miedos y mucho menos preguntas. Llegamos a la puerta de su habitación, durante el camino no dijimos nada. Yo no hice otra cosa que mirarla y recordar su cuerpo desnudo. Ella no dejaba de seducirme con el movimiento de su larga cabellera, el balanceo de su cadera y la vibración de sus nalgas. Hace algunos años que no hablábamos, pero al oír su cálida voz , tuve la seguridad de que podría ser mi cómplice. El día era el oportuno, tenía mi coartada planeada desde hace días. Su departamento parecía un buen lugar, acordamos la hora y colgamos. Esta ocasión no habrían ataduras . Sería su víctima y nadie lo sabría. Su silencio la liberaría de culpa. la culpa sería solo mía. los dos sentados en su cama aguardamos en silencio. traté de mirarla a los ojos, pero su escote me distrajo. En seguida se acostó y se cubrió con la...