No bajé del bus. Caí. No recuerdo cuando fue la última vez que saboreé el polvo de la vereda. Extraño los codos y las rodillas raspadas, pero más que nada extrañaba el sabor a tierra, sabor tan característico de una caída que deja marca. Claro que también está el sabor de la sangre, pero hoy es sabor a tropiezo y polvo. Unos tantos y otros cuantos buscan el éxito. El problema está en perder el rumbo. Sentir ese vacío infinito en el pecho. no tristeza y no dolor, vacío. ¿alguna vez estuve en-rumbado?. Hoy viene a mi memoria varias veces que por encame, por debilidad y por el "si flojo" y el "no perezoso" terminé en alguna rumba, a pesar de no ser un fanático ni del baile ni de la bebida. Rumba que te tumba. Rumba antes que la penumbra. Por cierto creía que la penumbra se refería a la oscuridad pero no, penumbra es casi (paene) sombra (umbra). Vacío no es igual a oscuridad.
Abrió la puerta y me invitó a pasar. Ella tenia los pezones dilatados, visibles, apetecibles; sabía a lo que había ido y no tenía problema, ni dudas, ni miedos y mucho menos preguntas. Llegamos a la puerta de su habitación, durante el camino no dijimos nada. Yo no hice otra cosa que mirarla y recordar su cuerpo desnudo. Ella no dejaba de seducirme con el movimiento de su larga cabellera, el balanceo de su cadera y la vibración de sus nalgas. Hace algunos años que no hablábamos, pero al oír su cálida voz , tuve la seguridad de que podría ser mi cómplice. El día era el oportuno, tenía mi coartada planeada desde hace días. Su departamento parecía un buen lugar, acordamos la hora y colgamos. Esta ocasión no habrían ataduras . Sería su víctima y nadie lo sabría. Su silencio la liberaría de culpa. la culpa sería solo mía. los dos sentados en su cama aguardamos en silencio. traté de mirarla a los ojos, pero su escote me distrajo. En seguida se acostó y se cubrió con la...